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El coral, ese gran desconocido

Cuando pensamos en coral, la mayoría de nosotros visualizamos coloridos arrecifes  de mares tropicales, pero muchas personas desconocen muchos datos acerca de ellos: cómo se reproduce, cómo se alimenta, su importancia en el ecosistema, los peligros a los que se enfrenta o, directamente, que ni son rocas, ni plantas, si no animales.

El coral es un ser vivo, concretamente se trata de animales llamados pólipos que viven, en su mayoría, en colonias, formando grandes arrecifes.  Poseen unas células calciformes con las que captan el carbonato de calcio disuelto en el agua y, a partir del que forman su exoesqueleto. Es decir, que la parte que normalmente vemos del coral, es su esqueleto externo. Los pólipos están en su interior, así que normalmente no podemos observarlos, únicamente por la noche, cuando sacan los tentáculos que utilizan para poder llevarse el alimento a la boca.

Tipos de corales

A grandes rasgos, encontramos dos grandes tipos diferentes de coral: el duro y el blando.

El coral duro, o coral pétreo, conserva el esqueleto una vez que fallece, pero este es “okupado” de nuevo por otras colonias que lo utilizan para expandirse. Otra característica de este grupo de corales es que sus pólipos poseen más de ocho tentáculos.

Por su parte, los corales blandos o córneos son más flexibes, sus pólipos tienen ocho tentáculos (octocorales) o séis o múltiplos de seis (hexacorales)  y, cuando mueren, acaban desintegrándose, con lo que dejan de formar parte del arrecife.
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Zooxantela y la simbiosis

Si el coral está considerado un animal, es porque es incapaz de producir su propio alimento. Una de las formas que tienen de nutrirse es gracias a la simbiosis con el alga zooxantela, responsable, además, de proveer de colores al arrecife.

Este alga utiliza los deshechos que produce el coral para realizar la fotosíntesis, eliminándolos; a cambio, además, produce oxígeno y aporta productos orgánicos que el coral utilizará para desarrollarse.

El agua de los arrecifes es muy pobre en nutrientes, por lo que el coral necesita a la zooxantela para sobrevivir. Cuando el coral se estresa, expulsa al alga, con lo que pierde el color (fenómeno que se conoce como blanqueamiento). Si pasa mucho tiempo sin zooxantela, el coral inevitablemente muere.

Como el alga realiza la fotosíntesis, necesita habitar en aguas claras y someras, donde recibe sin problemas la luz solar. Sin embargo, también hay especies de coral que pueden sobrevivir en profundidades de hasta 6.300 metros.

Alimentación de los corales

Como hemos visto, la zooxantela es un punto clave a la hora de la nutrición y el desarrollo del coral, aunque por si misma es insuficiente, así que además se las apañan para absorber nutrientes directamente del agua.

Pero además, estos animales son capaces de cazar su propia comida, desde zooplancton a peces pequeños,  gracias a sus tentáculos. Estos están cubiertos de células urticantes, los nematocistos, que adormecen a la víctima,  antes de atraparla y llevársela a la boca. Esto ocurre durante la noche, así que durante el día es prácticamente imposible poder ver los tentáculos de estos animales.
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Reproducción

Los corales pueden reproducirse de dos maneras, asexual y sexual. En la primera, el proceso se llama gemación: el coral se divide y produce una yema, que crece y, a su vez, producirá otra… así sucesivamente el coral se va clonando a sí mismo, y todos los pólipos permanecen unidos bajo el mismo esqueleto.

La reproducción sexual del coral ocurre cuando estos liberan gametos, tanto masculinos como femeninos, al agua. Estos se unen y forman larvas, llamadas plánulas, que fluyen con las corrientes de agua hasta que se asientan en el fondo y comienzan un nuevo arrecife. La cantidad de plánulas que mueren es enorme, por lo que los corales lanzan al agua una cantidad impresionante de gametos. Además, consiguen sincronizarse y desovar todos a la vez, durante la misma noche. Aquí entran factores medioambientales como la fase lunar, la temperatura del agua o la longitud del día. Este fenómeno ocurre solamente una vez al año.

La importancia de los corales

Los arrecifes de coral importan, mucho. No son solo de una belleza inigualable, si no que forman los ecosistemas con mayor biodiversidad del mar. Sabemos que un  arrecife de coral da hogar a miles de especies de peces e invertebrados, además de evitar la erosión de las costas, pero además tienen un impacto económico importantísimo en multitud de lugares, ayudando a la industria del turismo gracias a negocios como escuelas de buceo, restaurantes y hoteles. La belleza de los arrecifes atrae millones de personas en todo el mundo, y genera miles de puestos de trabajo; además, juegan un papel vital en la industria pesquera de muchos países, ya que son el hogar de multitud de especies que constituyen la base de la cadena trófica marina, muchas de ellas de consumo humano.
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Amenazas del coral

Los tornados, huracanes o fenómenos como El Niño pueden resultar catastróficos para el arrecife, al igual que las plagas de algunos animales que se alimentan de coral, como la estrella de mar “Corona de espinas”  (Acanthaster planci). A lo largo del tiempo, el arrecife podría recuperarse de estos impactos, pero la mano del hombre empeora tanto la situación que estamos perdiendo algunas de las estructuras coralinas más importantes del mundo. (enlace).  La sobrepesca, la pesca con explosivos, la contaminación o el cambio climático tienen resultados catastróficos en este delicado ecosistema marino. Sin contar con los estragos provocados por los bañistas inconscientes o los buceadores con poca experiencia.

El coral necesita unas condiciones muy concretas para sobrevivir, y crece a un ritmo muuuuy lento, con lo que es nuestro deber tomar conciencia de su importancia y protegerlo. Y, para los compañeros buceadores, ya sabéis, bajo el  agua no se toca NADA.  Mucho menos organismos tan frágiles como el coral, (no, ni siquiera el muerto) si es que queremos que nuestros hijos y nietos puedan seguir disfrutando de este maravilloso deporte.

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